Si bien es innegable que el gobierno de Kast quiere imponer sus ideas con o sin consentimiento del parlamento, su error consiste en creer que la democracia le confiere el derecho a gobernar como quiera, despreciando que en las cámaras legislativas existen diputados y senadores que también acaban de ser elegidos popularmente, así como también existen miles de alcaldes y concejales comunales en todo el país.