En Chile, el 2,7 % de las personas consumen pasta base con frecuencia, según cifras de SENDA. Y de ellas, solo el 12% logra acceder a algún tipo de tratamiento. ¿Y el resto? ¿Dónde están? Están en nuestras calles, en nuestras casas, en nuestras historias, muchas veces ignorados por un Estado que administra la miseria en vez de combatirla.