La Casa Blanca ha logrado el alineamiento regional que necesita para sus grandes disputas, tanto ideológicas como geopolíticas, con un creciente riesgo de involucrarnos materialmente en esos objetivos: el afianzamiento de la ola reaccionaria político-ideológica que sostenga una nueva modalidad de acumulación capitalista y la correlación de fuerza para el enfrentamiento vital con el proyecto chino.