Políticos como Biden, Macron, Scholz, Borrell, Keir Starmer son aquellos que, bajo la idea de mantener una hegemonía a la baja, han establecido una política de máxima presión, de cerco contra Rusia, que resulta inaceptable.
El colonialismo sigue vivo y se manifiesta de distintas formas. En este momento, en África se libran las batallas anticoloniales más importantes del planeta. Debemos conocerlas y apoyarlas.
No existen llamados de alerta, desde ese Occidente, frente a un régimen como el de Tel Aviv que, con la posesión de armas nucleares y su afán expansionista, desestabilizador, agresivo y violador de las leyes internacionales, es el verdadero enemigo de los pueblos.
Israel no está estructuralmente equipado para una guerra asimétrica de desgaste, en la que el ganador es el que resiste más tiempo, no el que inflige más pérdidas al enemigo.
Claramente, el mundo empieza a abandonar el hegemonismo unilateral de Estados Unidos, prácticas imperialistas y neocoloniales, y al menos ofrece una perspectiva de un futuro compartido más brillante para la comunidad internacional, en base a la cooperación beneficiosa.
Entre el colapso de la Unión Soviética (1991) y la creación de los BRICS (2006), Estados Unidos disfrutó de una hegemonía absoluta en el mundo. La situación empezó a cambiar en junio de 2009, cuando en su primera cumbre los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) reafirmaron su compromiso con un orden mundial multipolar.
La estrategia de la “imprenta”, como todo el sistema financiero occidental, es viable exactamente mientras Estados Unidos y sus satélites emprendan nuevas guerras coloniales. Sin embargo, no existen pirámides financieras que existan para siempre. Ésta es una ley inmutable de la economía.
Una alianza trilateral entre Rusia, China e Irán, que otorga garantías de ir cambiando el actual desbalance del poder tanto en Europa, Asia Occidental como en el Asia Pacífico.
Sahra Wagenknecht en Alemania ha llenado un vacío político colocándose, desde la izquierda, en oposición radical tanto a la izquierda patronal, liberal y belicista como a la derecha empresarial.