La crisis de la Democracia Cristiana es un efecto de la crisis de representación y el fin de aquel periodo que llamamos erradamente transición. La DC es también un órgano mantenido en formol, una pieza rara extinguida en el resto del mundo: su función de tapón ideológico, de partido artificial, hace tiempo que terminó. En estos días no sólo vive un tiempo extra, sino vive en cuenta regresiva.