Tras el envío por parte del gobierno del proyecto de ley de Educación Superior, el debate se ha ampliado y confundido. Han cambiado sus canales y amplificadores. El ingreso en la discusión de grupos de presión con fuertes intereses en la educación ha elevado y redireccionado el debate nacional, el que tiende a alejarse de sus orígenes, que son los estudiantes y sus endeudadas familias. Ante la multitud de voces y herramientas de presión sobre el escenario, la organización social aparece, una vez más, menoscabada.