En el caso del asesinato de Kirílov, es una acción que día a día mostrará la participación no sólo de los servicios secretos del testaferro ucraniano, sino también de la OTAN y servicios de inteligencia de Washington, empeñados en acrecentar el conflicto a pocos días de la toma de posesión del nuevo presidente norteamericano Donald Trump.