Paradójicamente, el vidrio blindado solo lo protege de su propia fragilidad, empañando la imagen de un inseguro líder que no sabe interpretar el futuro sino con recetas del pasado. A través de esa narrativa del terror, Kast pretende maquillar su fanatismo y delega a los bots y trolls -otros ocultos, sin rostro- una vocería para esparcir el odio en impunidad.