La renuncia del equipo económico casi en bloque, evento sin precedentes durante toda la transición, hay que considerarlo, con todos los matices y comentarios ciertos y posibles, un quiebre en la hegemonía discursiva neoliberal. Pese a que la presidenta puso en reemplazo a economistas de similar escuela, levantó el velo que protegió como sagrada figura a la economía y las empresas por sobre los intereses de las personas. Hace mucho se rompió el vínculo virtuoso entre la economía y la sociedad.