Trabajo identifica que la ultraderecha chilena utilizó como base las políticas presentadas en el Brasil de Bolsonaro, en el Estados Unidos de Trump, y en otros gobiernos, como en los de Hungría, Turquía e Israel, apuntando sentar las bases para la implementación de políticas conservadoras; recortes presupuestarios y reformas que desfinancian la educación, la salud y las pensiones.