El proceso de refichaje, que apunta a convertirse en un nuevo oprobio para la clase política, es también otra gran expresión ciudadana de rechazo y desprecio por los partidos y todo el andamiaje institucional. Porque junto a la búsqueda de militantes, los casos y escándalos de corrupción siguen sumando nombres, cargos, empresas y millones. Un proceso de deterioro que confirma la fase terminal de la política institucional. Cualquier salida está fuera de los actuales modelos. Es el momento de la demolición, de la retroexcavadora.