El exoficial de la inteligencia militar rusa reclutado en los años 90 por el servicio secreto británico MI6, su hija y el detective sargento Nick Bailey fueron hallados inconscientes cerca de un centro comercial en la ciudad británica de Salisbury.
Rusia rechaza las acusaciones del Gobierno británico, y pide acceso a las pruebas para colaborar con la investigación