Para que se tenga una idea de la magnitud de la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam, el poder de fuego de sus soldados era seis veces mayor al que poseían durante la segunda guerra mundial. Estados Unidos gastó 400 mil dólares por cada vietnamita muerto incluyendo 75 bombas y 150 proyectiles de artillería por cadáver.
La postura china no está siendo solo una respuesta específica y acotada a una defensa económica, sino que marca un posicionamiento internacional de alcance estratégico, que busca un nuevo tipo de globalización y de relaciones internacionales que puedan garantizar la sostenibilidad de los seres humanos como especie y progreso universal.
No siempre la victoria es una sucesión ininterrumpida de triunfos tácticos: una derrota militar puede ser una victoria política, cuando demuestra la incapacidad del invasor para controlar territorio y población.
Vietnam, un pueblo que supo tomar las riendas de su destino, hoy celebra el cincuentenario de su reunificación. Una nación indivisible forjada gracias la disciplina del Partido Comunista para interpretar los tiempos, en beneficio, de su pueblo.
Si la búsqueda de un desarrollo compartido es el santo y seña de la diplomacia china en relación al Sur Global, la prevención de fricciones económicas requiere una altura de miras que tenga en cuenta las singularidades de los países del Sur Global, preservando así los lazos con esta comunidad de países cuyo apoyo hoy a Beijing le puede resultar vital en muchos sentidos.
La perspectiva de una recesión global -en el marco de sobreproducción, guerras de precios y enfrentamientos geopolíticos- es real. Una depresión global dispararía una gigantesca destrucción de valores. El dólar no sería inmune a ella.
Estudiar el imperialismo, sus tecnologías de la muerte, armas y argumentos, es urgente. Para ello, es necesario recurrir a nuestros clásicos. Sólo así tendremos opciones para enfrentar la lucha política y construir una alternativa.
A pesar del inevitable fracaso de los aranceles como solución para la reindustrialización de Estados Unidos, Trump parece decidido a seguir adelante con su estrategia proteccionista. Esto solo puede ser un detonante para una nueva recesión tanto en Estados Unidos como en las principales economías. Es un detonante porque ya las principales economías se habían desacelerado, incluso Estados Unidos.
La escalada proteccionista y la guerra comercial ocurre en una economía que en los últimos 50 años se ha mundializado a niveles nunca antes alcanzados.
No es posible esperar por cuatro años para que alguien lo reemplace, ni menos cuando ya ha expresado su intención de prolongarse en el poder, al igual que otros presidentes y dictadores del mundo y de nuestra propia América Latina.