La reacción furibunda y pasional contra los avances en la inclusión y la igualdad de género son una clara expresión de que los cambios sociales que han emergido con fuerza desde la década pasada no sólo se han consolidado, sino que avanzan con fuerza. Esos grupos, cuya identidad es confusa, si bien canalizan prejuicios todavía bien instalados, no logran conseguir ni siquiera el apoyo de la clase política y el establishment. Sus acciones y discurso, una caricatura para los tiempos actuales, confirman que no son más que un peligroso anacronismo.