En el teatro, y en algunos casos en el cine con ciertos directores, los actores y actrices nos enfrentamos a una condena o a una bendición: la repetición. Todos los días debo volver a vivir esa escena. Ese momento que sé cómo se desarrollará y culminará, sin embargo, si lo intento atrapar se desvanece. Es una situación contraproducente bastante particular.