Podemos seguir regulando, prohibiendo, ajustando normas, pero si no transformamos la forma en que enseñamos y las políticas públicas, si no conectamos con el mundo en que viven nuestros estudiantes, si no somos capaces de adaptarnos, la escuela corre el riesgo de convertirse en eso mismo: Una estructura que alguna vez tuvo sentido, pero que quedó mirando el pasado mientras el mundo seguía avanzando.