Para quienes no sepan del asunto, el duelo era una ceremonia destinada a reparar una “ofensa al honor”. Cuando alguien se sentía injuriado, enviaba un desafío a su adversario. Cada parte nombraba padrinos encargados de negociar una disculpa y, si esta no prosperaba, fijar las condiciones del combate: armas, lugar, distancia y reglas. ¿Les suena medieval? Tiene sentido, pues de ese entonces viene la costumbre.