Un taller en comunas populares donde mujeres cuidadoras transforman su desgaste y su esperanza en creación artística, memoria y voz colectiva, reivindicando el autocuidado como una forma de resistencia. Todo comienza con cajones de manzanas. Pero no están ahí para trasladar fruta sino para sostener un altar: un pequeño espacio sagrado hecho de flores, dibujos, fotos, frutas, recuerdos y muñecas.