"En cada frase, en cada fragmento de estas declaraciones ahora reunidas en este libro, arde la conciencia de una poeta que se supo destinada a la intemperie. Una voz que no pidió permiso ni concedió indulgencias, y que, en lugar de plegarse al paisaje literario de su tiempo –como ya lo sabemos, dominado por hombres–, lo enfrentó como quien contradice a un severo juez".