Nos han llamado putas, nos han llamado desobedientes, nos han sancionado por exceso, independencia o autonomía. Ahora podemos usar ese concepto: exceso, autonomía, transgresión, como herramienta política, no como estigma. La desobediencia organizada y compartida es la forma más clara de disputar poder, imaginar futuro y resistir la estructura que nos quiso moldear y domesticarnos.