El trozo de ámbar (resina de árbol petrificada) de 3,6 centímetros fue descubierto en un mercado de Myitkyina, en Birmania, donde era ofrecido a la venta como objeto de joyería. Aunque fuera tan antiguo, los científicos lograron identificar una pluma que incluso mantuvo signos de su color original y restos de sangre.