Mientras el salitre partía en toneladas rumbo a Europa, en Iquique no solo circulaban mercancías: también lo hacían ideas, libros y debates que desmienten su persistente fama de ciudad puramente comercial. Bajo el estruendo del puerto y el vértigo del intercambio mercantil, se configuraba una vida intelectual activa, diversa y, durante largo tiempo, subestimada por la historiografía tradicional (González, 2002; Ortega, 2014).