Hoy, como ha sido permanentemente desde el año 1959 a la fecha, Cuba está, nuevamente, en el ojo agresor de esta águila imperial que no cesa de pensar en Latinoamérica como su eterno patio trasero. Una región donde pueda disponer de sus riquezas, no en líneas de cooperación, sino que de explotación en beneficio unilateral de la economía estadounidense y sus afanes de dominio global.