Es momento de decirlo con claridad: sin un programa de poder, sin un horizonte insurreccional y sin ruptura con el progresismo burgués, toda consigna antifascista será funcional al mantenimiento del orden que ha generado a los Kast, los Trump, y los Milei. La tarea no es “salvar la democracia” haciéndose el simpático con Parisi, sino combatir por la revolución.