Europa y su conducta ciega, sorda y muda frente al terrorismo ucraniano, haciendo caso omiso de las denuncias del gobierno ruso, evidencia el absoluto sometimiento al plan de desestabilización llevado a cabo contra la nación euroasiática, impulsado desde Washington y con el apoyo político, diplomático, financiero y militar, en sus distintas variantes, por parte de la Unión Europea, en su ala civil y militar adscrita a la OTAN.