Algunos de los cuestionamientos contra estas "terapias" apuntan a que privilegia los lazos biológicos por encima de los afectivos y subestima otros modelos familiares distintos del tradicional, lo que resulta funcional para la revictimización de mujeres que han padecido violencia de género, de niños sometidos a maltratos domésticos y de personas pertenecientes a grupos vulnerables. A esto se suma que no existen fundamentos científicos que respalden su veracidad y eficacia.