Una nueva racionalidad está mudando los negocios. De la noción de tierras para explotar sus recursos pasamos al de poseerlas para conservarlas. Ocurre así en la Patagonia, vendida a un alto precio en las últimas décadas como la última reserva de vida. Un nuevo edén que invita a invertir, imaginario que se superpone al anterior de tierra de colonos o estancias ovejeras. Dicha mudanza es analizada por el geógrafo Enrique Aliste, quien da cuenta de que el discurso ambiental en vez de horadar el capitalismo, le da un reimpulso con etiqueta verde.