El silencio de Jadue, el único político que todavía podía citar a Marx en entrevistas públicas, era una condición para la consolidación thermidoriana. Ahora el país y los diarios pueden seguir hablando del crecimiento y las cifras macroeconómicas, de la necesidad de mano dura, y de un incierto futuro con juegos olímpicos y volteretas olímpicas.