Ese malestar no surge de la nada. Es el resultado de un modelo neoliberal que primero convirtió la masculinidad en una competencia y luego dejó a muchos sin posibilidad de ganarla. Cuando el éxito se mide por ingresos, autos y metros cuadrados, y esos símbolos se vuelven inalcanzables, el fracaso se experimenta como pérdida de virilidad.