Llevan tanto tiempo sentados en las sillas del poder, en el parlamento y en el ejecutivo, que les pasó lo obvio: se les durmieron las piernas. Y ahora, por más que quieran, ya ni levantarse pueden. Así están las piernas de esos que nos han gobernado de la misma manera por tanto tiempo: dormidas e insensibles a los nuevos retos que plantea el mundo.