Si queremos mejorar la institucionalidad habría que llevar a cabo una reingeniería en las díscolas municipalidades, las que curiosamente se autodesignan como «ilustres», y, el gobierno central, entre otras medidas, debiera impulsar un más alto gravamen del que existe para los terrenos urbanos sin edificación y que las plusvalías producidas con los cambios en las reglas del juego, se destinen, por lo menos parcialmente, para obras que beneficien a las comunidades.