El profesor/a jefe es el corazón silencioso de la escuela. Sin él, los aprendizajes se vacían de sentido y la convivencia se fragmenta. Con él, la educación recupera su rostro humano, ese que ningún decreto ni plan puede reemplazar. Cuidar a quien cuida no es un gesto: es gestión, presupuesto y supervisión. Con horas protegidas, protocolos y metas PME, la jefatura deja de ser una épica individual y se vuelve una política escolar verificable.