La regresión de Estados Unidos es negada por sus gobernantes. El liberalismo justifica ese desconocimiento con falacias de excepcionalidad, superioridad
idiosincrática o hipocresías de valores democráticos. Asigna míticas cualidades a un poder blando que perdió sus viejos cimientos. Mientras los neoconservadores repiten el mismo mensaje exaltando la fuerza militar, el realismo reconoce la adversidad omitiendo su basamento capitalista.