En poco menos de 3 meses, el ejemplar recorrió más de 6.800 kilómetros desde Perú hasta la Península Antártica, confirmando la magnitud de las rutas migratorias que recorren las grandes ballenas del Océano Pacífico Suroriental, y ratificando también algo que la ciencia y la conservación vienen advirtiendo hace años: las ballenas no reconocen fronteras, por lo que los esfuerzos por protegerlas tampoco deberían hacerlo.