No podemos permitir que, bajo la loable promesa de la descarbonización del planeta, las corporaciones repliquen el viejo modelo extractivista colonial que tanta postergación le ha causado a Chile: aquel donde las transnacionales extraen el recurso bruto, destruyen los ecosistemas locales, precarizan los territorios y exportan el valor acumulado, dejando en las regiones solo pasivos ambientales y empleos temporales de baja calificación.