Particularmente odiosa fue la persecución judicial contra el joven estudiante, poeta y “secretario de notas” de la IWW, José Domingo Gómez Rojas, a quien el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago y juez del sumario, José Astorquiza Líbano, ordenó incomunicarlo y “mantenerlo ocho días a pan y agua y ponerle esposas. Más adelante, ordenó ponerle grillos, baldearle la celda, suprimirle las salidas al patio. El joven poeta enloqueció y murió el 29 de septiembre de 1920, al día siguiente de ingresar a la Casa de Orates".