El académico y coordinador del Centro de Atención Psicológica (Capsi) de la U. de La Serena, Néstor González Durán, explicó que "el hambre real es gradual, acepta distintos alimentos y desaparece cuando se está satisfecho; el hambre emocional es repentina, específica -generalmente busca alimentos ultraprocesados- y persiste incluso después de comer, porque el problema que la originó sigue ahí".