La Ley Lafkenche no es la que tiene asfixiada a la industria del salmón; es la avaricia de algunos empresarios que buscan crecer sin límites sobrecargando el ecosistema. Esto está generando consecuencias graves, como la baja de oxígeno en fiordos y la expansión de la plaga de anémona transportada por sus propios barcos, lo que sí dañará la pesca bentónica, la subsistencia de miles de familias, y finalmente a la misma industria que dicen proteger.