Ambientada entre Argentina y Chile, en los años finales de las dictaduras y el inicio de la transición democrática, la novela sigue el recorrido íntimo de una joven mujer marcada por la sobreprotección, el desarraigo y la pérdida. En este cruce de historia personal y contexto político, Güiraldes construye una narración honesta y sin concesiones, donde lo vivido y lo silenciado dialogan constantemente.