"Este proyecto demuestra que es técnica y socialmente posible construir con altos estándares sin expulsar a las familias de la ciudad ni de sus redes de origen. Demuestra que la vivienda social no tiene por qué ser sinónimo de precariedad ni de periferia. Pero también evidencia algo más profundo: que cuando las comunidades se organizan sostenidamente, tensionan el paradigma y elevan el estándar para toda la política pública".