Estamos acostumbrados a ver los arcoiris después de las tormentas, ahí donde la atmósfera huele a humedad y donde nuestra vista, queda casi deslumbrada por este fenómeno óptico y meteorológico donde respiramos cautivados por un espectro de frecuencias de luz, ahí justo cuando los rayos del sol, atraviesan precisamente esas pequeñas gotas de agua suspendidas