Los jueces concluyeron que las aflicciones padecidas por la víctima, una adolescente de 19 años a la época de los hechos, quien fue privada de libertad en condiciones inhumanas, amenazada, torturada y abusada sexualmente por agentes del Estado al servicio de la dictadura constituyen un conjunto de experiencias traumáticas cuyas secuelas se mantienen hasta hoy