Su verdadera madre había sido Mariela, la hermana de su padre. Le enseñó a caminar, a tejer, a leer y a escribir. Le revisaba las tareas. Y, lo más importante, según ambas, le habló del valor de perseguir sueños, de luchar por lo que se cree y se ama, de seguir una carrera, una profesión, y tener autonomía económica. Le habló del amor, no sólo el romántico, sino del que se siente por la patria, por las gentes y las causas.