Cuando Adolf Hitler salió de la cárcel, solamente fueron a buscarlo muy pocos partidarios, pues la República de Weimar estaba en su apogeo, gracias a los créditos norteamericanos. El libro de Hitler, Mi lucha, lo leían, apenas, 20.000 personas, mucha gente se reía del ridículo demagogo del “bigote”. Pasaron sólo diez años para que el fanático se encontrara con el poder e hipnotizara al pueblo más culto de Europa.