El modelo económico chileno se ha basado mayoritariamente en el neoliberalismo que promueve un lucro insaciable de grupos económicos a costa de la depredación y sobre explotación de los territorios causado por industrias y actividades extractivas y energéticas, particularmente la minería, las forestales – celulosas, salmoneras, pesca y en energía, hoy, esta última, maquillada con el nombre de “hidrógeno verde”