La política forestal chilena enfrenta críticas profundas debido al impacto ambiental de sus plantaciones monocultivo de pino y eucalipto, señaladas como propicias para focos de incendios y crisis hídrica, sin embargo, mientras tanto, este sector, lejos de buscar reconversiones, plantea nuevas estrategias de presión al aparato público para mantener el añejo e insustentable modelo.