La clase dominante se moviliza, no sólo para la liquidación del movimiento socialista, sino también de sus propias instituciones, que han caído en contradicción con el interés de la propiedad y de los negocios: los derechos civiles, la libertad de prensa, la libertad de reunión y el sufragio universal son sacrificados a este interés, para que la burguesía pudiese «entregarse entonces, confiadamente, bajo la protección de un gobierno fuerte y absoluto, a sus negocios privados...".