Un gobierno que llega al poder montado sobre el pánico securitario, que coloca en el ministerio clave a una operadora con cuentas pendientes, que coloniza la inteligencia policial con facciones leales, que destruye los mecanismos técnicos de control, y que cuando el sistema institucional reacciona —como lo están haciendo la Contraloría y el parlamento— responde con blindaje presidencial y relatos de normalidad.