Pero los octubres no dejaron de parir, y décadas después, sin aparatos, sin intervenciones, sino desde la propia gente común y silvestre, se remeció a toda Latinoamérica con el estallido social o levantamiento de un Chile que despertó con el grito de la calle, que puso a los de abajo, a los condenados por el modelo tras las barricadas, dejando una semilla latente en el suelo quemado de una experiencia transformadora y fundamental para lo que está por venir y cómo.