El creciente apetito del mundo occidental por la moda rápida y desechable, alimentada por el abastecimiento y disponibilidad de productos baratos fabricados en China y otros países, significa que estamos consumiendo y deshaciéndonos de cantidades cada vez más grandes de ropa, que hoy abriga una gigantesca industria global de US$4.300 millones. Chile, con US$ 61 millones al año, es el segundo mayor importador de ropa usada del mundo, y también el primer exportador a Bolivia.